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Autopsie · Seguridad

Después de los blindados, ¿el vacío? El error que Haití debe evitar en Bel-Air

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Traducción del original francés. En caso de discrepancia, prevalece el texto francés. Leer el original en francés

Puerto Príncipe contiene el aliento: el ruido de las armas ha cambiado de tono. Este texto advierte contra el síndrome mexicano, la atomización de los grupos armados tras su descabezamiento, más peligrosa que su concentración si el Estado no construye la paz.

Puerto Príncipe contiene el aliento. El tableteo de las armas automáticas, convertido ya en la banda sonora macabra de nuestra vida diaria, ha cambiado de tono. Ya no es solo el ruido de la agresión criminal: es el de la respuesta del Estado. Los blindados suben al asalto de Bel-Air. Los comunicados oficiales hablan de reconquista, de territorios liberados, del orden que vuelve.

Sin embargo, para el analista que se niega a ceder a la emoción del momento, el cuadro es infinitamente más complejo. Esta ofensiva sobre Bel-Air es una necesidad absoluta, una urgencia vital para la supervivencia física de la República. Pero la guerra urbana no se gana solo con superioridad de fuego.

Si el Estado haitiano cree que basta con «cortar cabezas» y plantar una bandera sobre las ruinas de Bel-Air para cantar victoria, se está preparando un día después aterrador. La historia reciente de América Latina es un cementerio de «victorias» militares que se convirtieron en pesadillas sociales.

Es imperativo plantear los términos reales de la ecuación: la necesidad táctica de tomar el cerrojo de Bel-Air y la obligación estratégica de construir («The Build») inmediatamente después.

LA NECESIDAD TÁCTICA: POR QUÉ BEL-AIR ES EL CERROJO

Primero hay que validar la acción en curso. ¿Por qué Bel-Air? Para entenderlo, hay que dejar de mirar la ciudad con los ojos de un civil y adoptar la mirada del estratega militar.

1. La tiranía de la altura («The High Ground») Es la regla de oro de la polemología: quien domina lo alto controla lo bajo. Bel-Air no es un barrio periférico; es un promontorio estratégico que avanza hasta el corazón de la capital. Desde sus tejados y sus azoteas se dominan visual y balísticamente los centros neurálgicos del Estado: el Champ de Mars, el Palacio Nacional, los ministerios. Mientras la coalición criminal controlaba Bel-Air, imponía una zona de denegación de acceso sobre la sede del gobierno. Obligó a la administración al éxodo. Recuperar Bel-Air es recuperar la torre de control de la ciudad. Es la condición sine qua non para que el Estado pueda, algún día, volver físicamente al centro de la ciudad.

2. La ruptura del corredor criminal Bel-Air es el nudo gordiano de la logística de las pandillas. El objetivo de la coalición Viv Ansanm («vivir juntos» en criollo) es la continuidad territorial: crear un eje ininterrumpido que vaya de Cité Soleil, al norte, hasta Grand-Ravine, al sur. Bel-Air es la bisagra central de ese dispositivo. Por allí transitan las armas y los hombres. Tomar Bel-Air es clavar una cuña de acero en ese corredor, aislar a los señores de la guerra del litoral de sus aliados del este y romper la fluidez de sus movimientos.

La operación militar está, pues, justificada. Incluso llega tarde. Pero es aquí donde termina la solución militar y empieza la trampa política.

EL ESPECTRO DE MÉXICO: EL EFECTO HIDRA Y LA ATOMIZACIÓN

Supongamos que la operación sea un éxito táctico total. Que los jefes de pandilla sean neutralizados. ¿Qué pasa después? Si la estrategia se limita al componente cinético («matar o capturar»), vamos directos a la catástrofe. Hay que mirar de frente las cifras del fracaso federal mexicano.

La lección de la fragmentación (2006-2016) En 2006, el Gobierno mexicano lanza su guerra total contra los narcos. En aquella época, el crimen organizado se estructura en torno a cuatro (4) grandes cárteles hegemónicos. El objetivo es claro, la jerarquía es vertical. El Estado adopta la estrategia del Kingpin (abatir a los cabecillas). ¿El resultado? Diez años después, los 4 grandes cárteles han saltado en pedazos. En 2020, los informes de inteligencia contabilizaban cerca de 200 organizaciones criminales, entre células, bandas y milicias.

¿Por qué la fragmentación es peor que la concentración? El Estado creyó que bastaría con destruir las grandes estructuras. Pero creó el efecto «Hidra de Lerna».

  1. La hiperviolencia caótica: un gran jefe de pandilla puede imponer disciplina. Doscientos pequeños señores de la guerra en competencia no pueden. La anarquía sustituye al orden mafioso.

  2. La depredación sobre la población: es el peligro mortal para Haití. Los grandes cárteles mexicanos vivían de la exportación de droga. Los microcárteles surgidos del estallido, demasiado débiles para el negocio internacional, se replegaron sobre la economía local. Empezaron a secuestrar a médicos, a extorsionar a los vendedores ambulantes, a robar combustible. La violencia se democratizó.

Si quebramos Viv Ansanm en Bel-Air sin llenar el vacío, tendremos 50 micropandillas hambrientas que aterrorizarán cada callejón para sobrevivir.

LA DOCTRINA DEL «BUILD»: EL URBANISMO SOCIAL COMO ARMA DE GUERRA

¿Cómo evitar ese escenario? La respuesta nos llega otra vez de América Latina, pero esta vez de sus éxitos. Porque si México fracasó a escala federal, algunos estados como Yucatán o Nuevo León, así como la ciudad de Medellín en Colombia, lo lograron. La doctrina común es clara: no se pacifica con la destrucción; se pacifica con la sustitución y la dignidad.

Hay que aplicar una estrategia de «Clear, Hold, and Build», con un énfasis brutal en el «Build». Esto es lo que el Estado debe hacer en concreto en Bel-Air:

1. La arquitectura de la dignidad (el modelo de Medellín) En Medellín, Sergio Fajardo teorizó el urbanismo social con una frase clave: «Lo más bello para los más humildes». El Estado no se limitó a reparar aceras. Construyó monumentales bibliotecas-parque (Parques Biblioteca), firmadas por los mejores arquitectos, en medio de los barrios marginales más peligrosos. ¿Por qué? Por el choque psicológico. Cuando el Estado construye un edificio de excelencia en Bel-Air, envía un mensaje: «Ustedes son ciudadanos dignos, no residentes de una zona roja». Eso les roba a las pandillas la lealtad de la población. En Bel-Air hay que transformar las ruinas de las comisarías en centros comunitarios de primer nivel, con aire acondicionado, conectados, abiertos a los jóvenes.

2. La apertura física (el modelo de Nuevo León) En el estado mexicano de Nuevo León (Monterrey), las autoridades comprendieron que las pandillas prosperaban en el aislamiento urbano. Lanzaron programas masivos para abrir vías en los barrios, crear accesos, conectar la periferia con el centro económico. Para Bel-Air, eso significa romper el laberinto de los «lakous» cerrados con vías de penetración iluminadas. Un barrio abierto es un barrio por el que circula la policía, en el que entra la ambulancia y en el que la pandilla ya no puede tender emboscadas. La luz (alumbrado público solar autónomo) es un arma de seguridad tan poderosa como un blindado.

3. La reconstrucción del tejido social (el ejemplo de Yucatán) Yucatán es el estado más seguro de México, a menudo comparado con Europa en materia de seguridad. ¿Su secreto? La policía de proximidad comunitaria y la inversión masiva en el tejido asociativo. En lugar de enviar solo tropas de choque, financiaron los clubes deportivos, las asociaciones de madres de familia, las ligas de fútbol de barrio. Ocuparon el tiempo libre de la juventud. En Bel-Air, una vez que cesen los disparos, el Estado debe inundar el barrio de trabajadores sociales, entrenadores deportivos y mediadores, no solo de policías.

4. El arma económica: la HIMO como contrainsurgencia Es aquí donde la economía se encuentra con la seguridad. El pandillerismo en Haití es ante todo un mercado de trabajo para una juventud sin horizonte. Para secar la cantera de las futuras micropandillas, hay que lanzar programas masivos de Alta Intensidad de Mano de Obra (HIMO). En cuanto cesen los disparos, deben crearse miles de empleos para que los propios habitantes reconstruyan su barrio. Hay que pagar a los jóvenes de Bel-Air en efectivo, de inmediato y dignamente, para reconstruir lo que a veces se vieron obligados a destruir. Es un cálculo frío: al Tesoro Público le sale más barato pagar un jornal a 5000 jóvenes que financiar una guerra urbana contra ellos durante diez años. Es comprar la paz social.

CONCLUSIÓN

Bel-Air es una prueba de credibilidad para la nación. La operación militar es la llave que abre la puerta, pero no es la casa.

Si dejamos Bel-Air devastado después del asalto, si pensamos que la huida de las pandillas es un fin en sí mismo, cometeremos el error federal mexicano: la Hidra volverá a crecer, más feroz. El Estado haitiano debe inspirarse en los éxitos locales de Medellín y de Monterrey. Debe demostrar que no es solo una fuerza de represión, sino una fuerza de construcción. El cemento, el empleo, la biblioteca y la luz son las únicas municiones que no se agotan y que garantizan una victoria definitiva.

En Bel-Air no se trata de ganar la guerra para luego perder la paz. Se trata de refundar la República, metro cuadrado a metro cuadrado.

L’Anatomie de la Fracture

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