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La hemorragia invisible: entre 400 y 900 millones de capital humano destruidos por las pandillas en 2024

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Publicado en Le Nouvelliste el 5 de septiembre de 2025. Leer en lenouvelliste.com ↗

Traducción del original francés. En caso de discrepancia, prevalece el texto francés. Leer el original en francés

Traducir una tragedia humana a términos económicos hace oír, a veces, lo que la emoción por sí sola no dice. Al aplicar al caso haitiano los métodos de valoración del capital humano, la columna cifra entre cuatrocientos y novecientos millones de dólares lo que la violencia armada destruyó en 2024.

El ejercicio que consiste en traducir la tragedia humana a términos económicos revela a veces verdades que la emoción por sí sola no podría hacer oír con la misma fuerza. Este intento de aplicar los métodos de valoración del capital humano a las 5600 muertes ocurridas en Haití en 2024, documentadas por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, sugiere un rango de 400 a 900 millones de dólares de riqueza productiva volatilizada, equivalente a entre el 20 y el 45 % del presupuesto nacional. La amplitud de ese rango refleja las considerables incertidumbres que rodean un ejercicio de esta naturaleza.

Los fundamentos metodológicos: entre herencia conceptual y límites asumidos

El ejercicio de valoración del capital humano destruido (y seríamos deshonestos si negáramos que plantea auténticas cuestiones éticas además de metodológicas) se inscribe en una tradición intelectual cuya genealogía conviene trazar brevemente. Thomas C. Schelling, en su artículo «The Life You Save May Be Your Own» (The Public Interest, n.º 15, primavera de 1968, pp. 127-136), sentó las bases teóricas de lo que acabaría siendo el «valor estadístico de la vida». Ezra J. Mishan formalizó esta intuición en Cost-Benefit Analysis: An Introduction (Londres, George Allen & Unwin, 1971, capítulo 17), y W. Kip Viscusi la sistematizó después, en particular en «The Value of Life: Estimates with Risks by Occupation and Industry» (Economic Inquiry, vol. 22, n.º 1, enero de 1984, pp. 29-48).

Conviene, sin embargo, reconocer de entrada (y este reconocimiento es el requisito previo indispensable de todo análisis serio) que la aplicación de estos métodos al contexto haitiano tropieza con obstáculos metodológicos considerables. El VSL, tal como lo concibió Viscusi, se basa en la observación de las «primas de riesgo» que aceptan los trabajadores en mercados laborales que funcionan. Ahora bien, ¿cómo trasladar este enfoque a una economía en la que el Instituto Haitiano de Estadística e Informática (IHSI) estima que el 60 % de la actividad corresponde al sector informal¹?

Esta dificultad nos lleva a privilegiar el enfoque alternativo del capital humano actualizado, desarrollado en particular por Michael W. Jones-Lee en The Economics of Safety and Physical Risk (Oxford, Basil Blackwell, 1989, capítulos 3-4). Este método, por poco sofisticado que parezca, tiene la ventaja de la transparencia del cálculo y de su aplicabilidad a los contextos de desarrollo.

El ejercicio de estimación: entre aproximaciones necesarias e incertidumbres asumidas

El cálculo básico se apoya en el PIB per cápita de Haití, que las últimas estimaciones disponibles del Banco Mundial sitúan en 2143 dólares en 2024², multiplicado por la esperanza de vida productiva residual media. Esta última variable es la primera fuente importante de incertidumbre de nuestro ejercicio: a falta de datos precisos sobre la edad y el perfil socioeconómico de las víctimas, laguna sintomática del derrumbe de las capacidades estadísticas nacionales, nos vemos obligados a extrapolar.

Los estudios disponibles sobre la violencia urbana en América Central sugieren que las víctimas se concentran en la franja de edad de 15 a 34 años. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en su Global Study on Homicide 2023 (Viena, 2024, p. 47), indica que esta cohorte representa entre el 55 % y el 70 % de las víctimas de homicidio en la región. Si adoptamos la hipótesis de una edad mediana de 25 años para las víctimas haitianas (extrapolación que asumimos como tal), eso corresponde a 35 años de vida productiva residual.

El cálculo elemental (5600 muertes × 2143 dólares × 35 años) arroja 420 millones de dólares de capital humano directamente volatilizado.

Los efectos multiplicadores: entre teoría keynesiana y realidad haitiana

El impacto económico real de una pérdida de capital humano de esa magnitud supera necesariamente la simple suma de las contribuciones productivas individuales. El efecto multiplicador keynesiano, concepto desarrollado en la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (1936), enseña que cada unidad de ingreso suprimida genera una contracción acumulativa de la demanda agregada según la fórmula 1/(1-c), donde c representa la propensión marginal a consumir.

Para las economías caribeñas, los estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI) sitúan por lo general esa propensión entre 0.75 y 0.85³, lo que implicaría, en teoría, un multiplicador de 4 a 6. Aplicado mecánicamente a nuestros 420 millones de partida, situaría el impacto total entre 1.7 y 2.5 mil millones de dólares, cifras que desafían a todas luces el sentido común en una economía de 20 mil millones de dólares.

Esta extrapolación revela los límites de la aplicación mecánica de los modelos keynesianos a la economía haitiana. ¿Cómo aplicar la hipótesis de un circuito económico integrado a un país en el que las «fugas» por importaciones son masivas, en el que los circuitos monetarios informales coexisten con el sistema bancario formal y en el que la propia violencia fragmenta las redes económicas?

Por tanto, a falta de datos empíricos específicos del contexto haitiano, adoptamos un multiplicador deliberadamente conservador, que oscila entre 1.2 y 1.8, rango que refleja nuestra incertidumbre sobre la magnitud real de los efectos de arrastre en la economía haitiana.

El esbozo sectorial: extrapolaciones asumidas como tales

La ausencia de datos oficiales sobre el perfil socioeconómico de las víctimas nos obliga a recurrir a estimaciones por analogía, cuyo carácter altamente especulativo conviene subrayar de entrada. Apoyándonos en los informes de campo de las organizaciones humanitarias presentes en Haití y en los análisis del International Crisis Group⁴, esbozamos un reparto sectorial en el que cada porcentaje debe entenderse como una aproximación burda.

Si suponemos (y el término no es demasiado fuerte) que el 45 % de las víctimas proceden del sector informal, esta hipótesis se apoya en la lógica siguiente: ese sector, que según el Banco Mundial representa alrededor del 60 % de la actividad económica haitiana, concentra también a las poblaciones más expuestas a la violencia urbana (comerciantes callejeros, transportistas, artesanos).

La atribución del 25 % de las víctimas al sector agrícola se apoya en la observación de que la violencia se ha extendido a las zonas rurales, en particular en el Artibonito. Para el 30 % restante, nuestras extrapolaciones sugieren un reparto aproximado entre los servicios formales (15 %: docentes, funcionarios, personal de salud), la industria textil (5 %: sector especialmente expuesto por su concentración geográfica) y una categoría residual de inactivos, desempleados o estudiantes (10 %).

Estas reservas metodológicas no deben ocultar la utilidad del ejercicio: constituyen, por el contrario, su condición de validez. Porque se trata menos de producir una cifra definitiva que de esclarecer el orden de magnitud de un fenómeno económico hasta ahora no cuantificado.

La valoración final: un rango de incertidumbre

Al término de este ejercicio de aproximaciones, nuestra valoración sitúa la pérdida de capital humano en 2024 en un rango de 400 a 900 millones de dólares, es decir, del 2 % al 4.5 % del PIB haitiano. Esta amplitud considerable, que podría sorprender al lector habituado a las certezas cifradas, refleja fielmente el estado de nuestros conocimientos sobre la economía haitiana en situación de conflicto.

El límite inferior (400 millones) corresponde a una valoración minimalista, limitada al capital humano directo (420 millones) y reducida en función de las incertidumbres sobre la edad y el perfil de las víctimas. El límite superior (900 millones) no incluye solo el efecto multiplicador (1.8), sino también una aproximación de los costos de reemplazo vinculados a la pérdida de competencias y de saber hacer.

Este rango, por insatisfactorio que pueda parecerle a quien busque precisión, constituye no obstante una primera mirada cuantitativa a la magnitud económica de una tragedia hasta ahora abordada únicamente desde el prisma humanitario.

El efecto acumulativo: seis años de hemorragia

La extensión de este análisis al período 2019-2024, con las precauciones habituales que impone el deterioro progresivo de la calidad de los datos, sugiere un costo acumulado de entre 1.5 y 4 mil millones de dólares a lo largo de seis años. Esta progresión, de unos 50 millones de dólares estimados en 2019 a 400-900 millones en 2024, dibuja la trayectoria de un país atrapado en lo que Paul Collier denomina, en The Bottom Billion: Why the Poorest Countries are Failing and What Can Be Done About It (Oxford University Press, 2007, capítulo 1), la «trampa del conflicto».

Estos órdenes de magnitud, por aproximados que sean, sitúan la erosión progresiva del capital humano en una perspectiva comparativa: equivaldría a entre dos y cinco años de ingresos fiscales nacionales, o bien a entre tres y diez años de ayuda internacional recibida.

Conclusión: los límites de un ejercicio necesario

Al término de este intento de valoración, conviene volver sobre sus límites tanto como sobre sus enseñanzas. Vamos a intentar una aproximación cifrada de una realidad no contabilizada, aplicar métodos concebidos para economías desarrolladas a un contexto de fragmentación extrema, extrapolar a partir de datos parciales conclusiones necesariamente frágiles.

Cada una de nuestras hipótesis (edad mediana de las víctimas, distribución sectorial, multiplicador económico) merecería una investigación empírica específica, para la cual nos faltan los medios. Esta amplitud refleja las incertidumbres estructurales de la economía haitiana (400 a 900 millones), que asumimos como constitutivas del ejercicio y no como fracasos metodológicos.

Sin embargo, esta valoración exploratoria revela órdenes de magnitud que interpelan. Sugiere que Haití pierde cada año, a causa de la violencia, el equivalente a varios puntos de PIB en capital humano, una destrucción acumulativa del capital humano que hipoteca el futuro del país mucho más allá de las tragedias individuales que representa.

Estas cifras, por imperfectas que sean, ofrecen a los responsables políticos, tanto haitianos como internacionales, una primera mirada cuantitativa a la magnitud económica de una crisis medida hasta ahora únicamente con indicadores humanitarios. Revelan que la inacción también tiene su costo, ahora parcialmente cuantificable, y que la inversión en seguridad podría justificarse con un estricto cálculo económico, con independencia de los imperativos morales.

La econometría, en este caso, no pretende resumir la tragedia haitiana. Se limita a esclarecer una dimensión hasta ahora descuidada, con la humildad que corresponde a todo ejercicio de cuantificación de lo vivo y con el rigor que, por sí solo, puede legitimar tales aproximaciones.

  1. Instituto Haitiano de Estadística e Informática (IHSI), Enquête sur l’emploi et l’économie informelle, Puerto Príncipe, 2020.

  2. Banco Mundial, Haiti Overview, actualización de octubre de 2024, disponible en worldbank.org.

  3. Fondo Monetario Internacional, Regional Economic Outlook: Western Hemisphere, octubre de 2024, capítulo 2.

  4. International Crisis Group, Haïti: Gouverner ou Subir, informe sobre América Latina y el Caribe n.º 97, febrero de 2024.

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