Victoria incipiente sobre las pandillas, sabotaje en la cúpula del Estado: la abultada factura de 20 mil millones de dólares (1995-2024)
Publicado en Le Nouvelliste el 10 de febrero de 2026. Leer en lenouvelliste.com ↗
Traducción del original francés. En caso de discrepancia, prevalece el texto francés. Leer el original en francés
Veinte mil millones de dólares entre 1995 y 2024. La columna contrasta esa cifra con los avances realmente obtenidos sobre el terreno y calcula lo que las divisiones en la cúpula del Estado le han costado al país.
Mientras la Policía Nacional recupera la ventaja sobre el terreno, una lección de economía política revela el costo astronómico de nuestras divisiones y explica por qué el país nunca logra levantarse.
Por Réginald Surin
Economista, Dirección de Estudios y Desarrollo Comercial, SOGEBANK
Puerto Príncipe, enero de 2026
En este mes de enero de 2026 flota sobre el área metropolitana de Puerto Príncipe una atmósfera extraña y paradójica. Es una mezcla indefinible de una esperanza nueva que ya nadie se atrevía a formular en voz alta y de un viejo cansancio político que se niega obstinadamente a morir. Por primera vez desde el colapso total de la seguridad en 2021, el miedo ha cambiado visiblemente de bando. Las pandillas de la coalición «Viv Ansanm» («vivir juntos» en criollo), ayer dueñas absolutas de las carreteras y de los barrios populares, muestran signos de debilidad inéditos frente a una Policía Nacional de Haití (PNH) transfigurada, ofensiva y estratégica. Los blindados avanzan, las barricadas caen una tras otra, y la soberanía del Estado se reinstala, metro a metro, sobre el asfalto de la capital.
Es un momento de inflexión histórica, una ventana de oportunidad inesperada para restaurar la República. Sin embargo, en el preciso momento en que las fuerzas del orden arriesgan la vida para liberar el país, surge otra amenaza, no desde los barrios marginales, sino desde los despachos alfombrados del poder. El Consejo Presidencial de Transición (CPT) y la Oficina del Primer Ministro, en lugar de sellar una unión sagrada para culminar esta victoria militar, se encierran en una nueva guerra de trincheras por el control del Ejecutivo. Este espectáculo de desunión en la cúpula, en pleno éxito operativo, no es solo una falta moral o un error estratégico; es un sabotaje económico por el que pagamos un alto precio desde hace treinta años.
Mientras las acusaciones de injerencia internacional llueven desde todas partes y los protagonistas de la crisis actual buscan chivos expiatorios en el exterior, hay una pregunta fundamental que merece plantearse con un frío rigor científico: ¿cuánto nos cuesta realmente esta incapacidad crónica para gobernarnos? Como economista, quise ir más allá de la simple constatación del fracaso para cuantificar lo que todo haitiano siente de forma intuitiva. Somos prisioneros de un círculo vicioso en el que cada crisis política entierra un poco más nuestras posibilidades de desarrollo. Los resultados de este análisis econométrico completo, que abarca el período de 1995 a 2024 (último año con datos consolidados), son inapelables y deberían obligarnos a una introspección colectiva urgente. La cifra que surge de nuestros modelos es brutal: las crisis políticas reiteradas le han amputado a la economía haitiana 20.75 mil millones de dólares de riqueza acumulada.
COMPRENDER EL MÉTODO: EL AUTO QUE DEBIÓ RODAR
Para entender cómo un país puede «perder» dinero que nunca produjo, hay que captar un concepto económico fundamental: el PIB potencial. Imagine la economía haitiana como un auto. Ese auto tiene un motor (nuestros recursos), pasajeros (nuestra población) y combustible (las inversiones). Si la carretera está despejada y el conductor es responsable, ese auto tiene una «velocidad de crucero» natural. Quizá no corra tanto como un Ferrari, pero avanza con regularidad. Es lo que se llama crecimiento tendencial.
Sin embargo, en Haití hemos pasado los últimos treinta años dando bruscos volantazos, frenando en seco sin motivo, e incluso apagando el motor en plena autopista. Esos accidentes voluntarios son nuestras crisis políticas: los golpes de Estado, las elecciones impugnadas, las operaciones «Pays Lock», la violencia de las pandillas. Mi trabajo como economista consistió en utilizar una herramienta matemática sofisticada, llamada «filtro de Hodrick-Prescott», para borrar virtualmente esos accidentes de recorrido y ver a qué velocidad habría debido circular el auto si hubiéramos tenido conductores normales.
El resultado de esta simulación es abrumador. Si simplemente hubiéramos dejado que la economía funcionara a su ritmo natural (un crecimiento modesto pero estable del 1.68 % anual), habríamos producido, año tras año, mucha más riqueza de la que produjimos. Sumando todo ese lucro cesante a lo largo de treinta años, se llega a esa cifra colosal de 20.75 mil millones de dólares. Ese dinero no es una ficción contable. Es el dinero que habría debido pagar las carreteras que no existen, construir los hospitales donde no podemos curarnos y comprar el equipo que hoy les falta cruelmente a nuestros policías.
LA PRUEBA POR LA ACELERACIÓN: LAS CUATRO ESTACIONES DEL INFIERNO
Uno de los hallazgos más aterradores de nuestro análisis es que la destrucción de nuestra economía no es constante. Se acelera de manera exponencial, como una caída libre. Dividimos los treinta años del estudio en cuatro períodos distintos para observar esa dinámica mortal. El cuadro siguiente, fruto de nuestros cálculos, muestra cómo pasamos de una disfunción crónica a un colapso total.
Cuadro 1: La aceleración de la ruina nacional (1995-2024)
| Período histórico | Contexto político principal | Pérdida acumulada en el período | Riqueza destruida en promedio / año |
| 1995-2003 | Inestabilidad crónica (luchas posteriores al golpe de Estado, crisis electoral de 2000) | 0.29 mil millones de USD | −0.4 % |
| 2004-2009 | Rupturas y choques (caída de Aristide, transición, estabilización frágil) | 2.88 mil millones de USD | −6.4 % |
| 2010-2018 | Oportunidades perdidas (gestión posterior al sismo, escándalo de PetroCaribe) | 6.25 mil millones de USD | −8.2 % |
| 2019-2024 | El colapso (Pays Lock, magnicidio, reinado de las pandillas) | 11.33 mil millones de USD | −19.4 % |
Este cuadro debe leerse con atención, porque encierra una verdad aterradora: más del 50 % de la riqueza total destruida en treinta años lo fue solo en el período 2019-2024.
Aquí entra en juego una noción científica crucial: el efecto umbral (Threshold Effect). Nuestras pruebas estadísticas confirmaron, con una probabilidad muy alta (valor p de 0.038), que existe un punto de no retorno. Mientras la inestabilidad se mantiene moderada, la economía sufre pero sobrevive (como entre 1995 y 2003). Pero cuando la inestabilidad supera cierto nivel crítico, como ocurre desde 2019, la economía ya no se limita a desacelerarse: cambia de régimen. Se desintegra. Pasamos de pérdidas anuales del 0.4 % a pérdidas del 19.4 %. Esto significa, científicamente, que la crisis política actual no es «una crisis más». Es la crisis de más, la que rompió los resortes profundos de la máquina.
POR QUÉ NUNCA NOS LEVANTAMOS: LA DEBILIDAD DE LA FUERZA RESTAURADORA
Una pregunta atormenta a menudo a los observadores: ¿por qué otros países sufren crisis y se recuperan en dos o tres años, mientras que Haití parece hundirse cada vez más? La respuesta está en un parámetro econométrico que calculamos con el modelo VECM (Vector Error Correction Model): la fuerza restauradora.
En física como en economía, la fuerza restauradora es la capacidad de un sistema para volver al equilibrio después de un choque. Es la elasticidad de la economía. Si usted estira una goma elástica resistente y la suelta, vuelve rápidamente a su forma inicial. Nuestro estudio revela que la fuerza restauradora de la economía haitiana es trágicamente débil: es de apenas un 5.66 % anual.
Hagamos un poco de pedagogía para entender esta cifra. Una velocidad de ajuste del 5.66 % significa que, cuando un choque de gran magnitud golpea al país (como la salida de un presidente o una guerra entre pandillas), al país le hacen falta matemáticamente cerca de 18 años para absorber ese choque y volver a su nivel normal. ¡18 años! Ahora bien, el drama haitiano es puramente temporal: fabricamos crisis políticas mayores cada 3 o 4 años, mientras que nuestra economía necesita 18 años para curarse de una sola de ellas.
Nunca tenemos tiempo de cicatrizar. Somos como un boxeador que recibe un nuevo puñetazo cuando todavía está en el suelo viendo las estrellas del golpe anterior. Es esa asimetría entre el tiempo político (corto y caótico) y el tiempo económico (largo y lento) la que explica nuestro descenso a los infiernos. Cuando hoy el CPT y la Oficina del Primer Ministro se enfrentan, infligen una nueva fractura a un cuerpo que no ha terminado de curar las de 2021, las de 2019 e incluso las de 2004.
EL BALANCE DE 2024 Y EL ESPEJO DOMINICANO
La magnitud de nuestro fracaso nacional nunca se mide tan bien como cuando se la compara con lo que podríamos haber sido. Si miramos el balance del año 2024, punto culminante de nuestra modelización, podemos observar tres futuros posibles para medir el desperdicio.
Cuadro 2: Los tres destinos posibles (análisis del año de referencia 2024)
| Escenario | PIB anual 2024 (miles de millones de USD) | El dinero que falta (frente a la realidad) | Lo que significa en concreto |
| 1. La realidad (con crisis) | 7.23 mil millones de USD | - | Presupuesto del Estado anémico, policía mal equipada, servicios públicos inexistentes. |
| 2. El potencial (estabilidad) | 10.05 mil millones de USD | +2.82 mil millones de USD (+39 %) | Suficiente para duplicar el presupuesto de la PNH, de Salud y de Educación juntos. |
| 3. La visión (modelo RD) | 22.22 mil millones de USD | +14.99 mil millones de USD (+207 %) | Una economía 3 veces más potente. Independencia financiera total. |
La primera constatación es la de la pérdida neta inmediata. Solo en el año 2024, a causa de la parálisis política y de las pandillas, produjimos 7.23 mil millones en lugar de los 10.05 mil millones que habríamos debido alcanzar con una simple estabilidad. El «agujero» es de 2.82 mil millones de dólares en un solo año. Es un lastre del 28 %. Imagine a un atleta al que se obligara a correr un maratón con una bola de 30 kilos atada al tobillo; es exactamente lo que la política le impone a la economía haitiana.
Pero lo más doloroso es la comparación con el tercer escenario, el de la República Dominicana. En 1995, la brecha entre nuestros dos países no era insalvable. Si hubiéramos logrado copiar su estabilidad y su tasa de crecimiento promedio (4.5 % anual), nuestro PIB sería hoy de 22.22 mil millones de dólares. Seríamos un país tres veces más rico. Un país con 22 mil millones de dólares de PIB no le pide ayuda a Kenia para asegurar sus calles; tiene los medios para mantener un ejército profesional, una policía tecnológica y servicios de inteligencia de vanguardia. La brecha de 15 mil millones entre nuestra realidad y ese potencial es el precio exacto de nuestra incompetencia política. No fue la fatalidad la que creó esa brecha: fue la elección de la estabilidad que hicieron nuestros vecinos y la elección del caos que hicieron nuestros dirigentes.
LA FACTURA INVISIBLE: 1175 DÓLARES POR FAMILIA
Los miles de millones de dólares son conceptos que pueden parecer abstractos para el ciudadano que lucha por su supervivencia diaria. Por eso es indispensable llevar estas cifras macroeconómicas a escala humana. Dividimos la pérdida anual de 2024 (el agujero de 2.82 mil millones) entre la población haitiana.
El resultado es preciso: el costo de la crisis política para cada haitiano es de 235 dólares estadounidenses al año. Para una familia promedio de cinco personas, eso representa una pérdida de ingresos de 1175 dólares al año.
Hágase la pregunta: ¿qué haría usted con 1175 dólares estadounidenses más este año? Para la inmensa mayoría de las familias haitianas, es una suma vital. Es la diferencia entre mandar a los hijos a la escuela o dejarlos en casa. Es la diferencia entre poder pagar una operación quirúrgica de urgencia o dejar morir a un ser querido por falta de atención médica. Es la diferencia entre comer lo suficiente y saltarse comidas.
Esos 1175 dólares representan el «impuesto político» invisible que cada familia paga sin saberlo. No es un impuesto que cobre la Dirección General de Impuestos, sino un impuesto que cobran la inflación, el desempleo, el cierre de las empresas y el costo desorbitado de la vida debido a la inseguridad. Cuando el Consejo Presidencial y la Oficina del Primer Ministro prolongan la crisis una semana, no hacen solo política; meten la mano directamente en el bolsillo de cada familia para robarle ese dinero.
EL SABOTAJE ACTUAL: POR QUÉ LA INCERTIDUMBRE MATA LA RECUPERACIÓN
Es a la luz de esta comprensión económica como debemos juzgar la gravedad de la crisis política de este mes de enero de 2026. Sobre el terreno, la Policía Nacional está creando valor económico real. Es un concepto fundamental: la seguridad es la primera de las infraestructuras. Cuando la policía libera la carretera nacional número 2, no se limita a expulsar a bandidos; permite que circulen los camiones de mercancías, hace bajar el precio de los alimentos en Puerto Príncipe, permite a los campesinos del Sur vender sus cosechas. Es el comienzo de un círculo virtuoso de crecimiento.
Sin embargo, la economía tiene una psicología frágil. Le horroriza la incertidumbre. Para invertir, para contratar, para consumir, la gente necesita saber qué le deparará el mañana. Al desatar una guerra de poder en la cúpula del Estado en plena ofensiva policial, nuestros dirigentes envían una señal desastrosa. Le dicen a todo el mundo: «Cuidado, no se alegren demasiado pronto. El Estado sigue siendo inestable. El gobierno puede caer mañana. El caos puede volver».
Esa señal es un veneno que frena en seco la recuperación. El inversionista que se disponía a reabrir su fábrica ve las noticias y decide esperar. El comerciante que quería bajar sus precios decide mantenerlos altos «por si acaso». La diáspora guarda su dinero. Al crear esta incertidumbre política, el CPT y la Oficina del Primer Ministro sabotean activamente los esfuerzos de la policía. Convierten una posible victoria militar en una derrota económica segura.
CONCLUSIÓN: HAY QUE ELEGIR ENTRE EL EGO Y LA SUPERVIVENCIA
La economía no es una ciencia oculta, es una mecánica implacable. Y la mecánica nos dice hoy tres cosas:
• Hemos cruzado un umbral crítico de destrucción (el famoso efecto umbral de 2019).
• Somos demasiado frágiles para soportar nuevos choques (nuestra fuerza restauradora es demasiado débil).
• Tenemos una ventana de oportunidad única gracias a los éxitos de la policía.
Los 20.75 mil millones de dólares perdidos quedaron atrás; son irrecuperables. Pero el futuro inmediato todavía está en nuestras manos. Si la clase política declara un armisticio inmediato, si blinda la victoria en materia de seguridad y ofrece por fin estabilidad, podemos empezar a remontar la pendiente. Podemos recuperar una parte del 28 % de PIB que hoy nos falta.
Pero si el juego de las sillas musicales continúa en el Palacio Nacional mientras los policías combaten en las calles, nuestros dirigentes tendrán que asumir una responsabilidad aplastante ante la historia. No solo serán juzgados por su incompetencia política: tendrán que rendir cuentas por la ruina definitiva de la nación. Las cifras están ahí, no mienten, y acusan. Es hora de dejar de contar nuestras pérdidas en miles de millones para empezar por fin a contar nuestras victorias.