La violencia no baja, se desplaza: lo que el Estado se niega a ver
Publicado en Le Nouvelliste el 23 de diciembre de 2025. Leer en lenouvelliste.com ↗
Traducción del original francés. En caso de discrepancia, prevalece el texto francés. Leer el original en francés
De enero de 2023 a diciembre de 2025, el total nacional de incidentes violentos parece estable. La columna muestra, con los datos de ACLED, que esa estabilidad es engañosa: la violencia no baja, se desplaza, y ese desplazamiento puede leerse.
De enero de 2023 a diciembre de 2025, la secuencia de violencia que atravesó Haití desafía el entendimiento. Para el observador sobre el terreno, es un caos imprevisible. Para el analista de datos, es un sistema sometido a restricciones. Si se agregan los miles de incidentes registrados semana a semana en la base de datos ACLED (Armed Conflict Location & Event Data Project), no se encuentra una curva que sube hasta el infinito, sino una línea que oscila en torno a un punto de equilibrio macabro.
El cuadro siguiente resume esa «estabilidad» nacional según nuestra extracción de los datos de ACLED:
| Indicador semanal (2023-2025) | Valor observado |
|---|---|
| Nivel habitual (mediana) | 36 hechos violentos / semana |
| Franja de fluctuación habitual | 25 a 48 hechos violentos |
| Umbral de crisis grave | > 120 hechos violentos |
Fuente: análisis de los datos de ACLED, de enero de 2023 a diciembre de 2025.
Ese volumen constante nos enseña algo fundamental: la violencia no surge de la nada cada semana. Está limitada por el número de armas, de hombres y de municiones disponibles. La cuestión no es, por tanto, saber si la violencia aumenta, sino adónde va cuando parece desaparecer de Puerto Príncipe. La respuesta está en el norte.
El modelo espacial: la prueba de que nadie es una isla
Quisimos comprobar científicamente si la inseguridad de una ciudad dependía de la de su vecina. Para ello utilizamos un modelo espacial autorregresivo (SAR).
Yᵢₜ = ρ ∑ⱼ wᵢⱼ Yⱼₜ + Xᵢₜβ + μᵢ + εᵢₜ
Detrás de esta ecuación compleja se esconde una verdad sencilla, resumida en el símbolo ρ (rho). Nuestro modelo estima ese coeficiente en 0.27.
Imagine que la violencia es como una inundación. Esa cifra de 0.27 significa que, para cualquier municipio de Haití, cerca de un tercio de la inseguridad no procede de sus propios problemas internos, sino que simplemente se desborda desde sus vecinos. Nuestros resultados sugieren que las fronteras administrativas no detienen a los grupos armados.
La prueba de los hechos: la caída de Cabaret
El informe final del Grupo de Expertos sobre Haití (S/2023/674), publicado el 15 de septiembre de 2023 por el Consejo de Seguridad de la ONU, documenta la dinámica territorial en la zona: describe cómo, tras la consolidación de la zona de Canaan por los jefes de pandilla «Jeff» y «Taliban», la violencia se extendió hacia el municipio limítrofe de Cabaret. Nuestra lectura es que la masacre de Source Matelas del 29 de noviembre de 2022, mencionada en el informe, ilustra esa lógica de contagio por contigüidad geográfica.
La asimetría: la violencia fluye como un río
Si el contagio existe, no se dispersa en todas direcciones. Sigue una corriente precisa. Medimos la fuerza del vínculo entre el centro (el Oeste) y la provincia (el Artibonito) mediante un análisis de correlación cruzada.
| Sentido de la corriente | Fuerza del vínculo (correlación) | Qué significa |
|---|---|---|
| Oeste → Artibonito | +0.42 | La corriente es fuerte: la violencia desciende hacia el norte. |
| Artibonito → Oeste | +0.08 | La corriente es nula: la violencia no remonta. |
Estos datos sugieren un sentido dominante. Cuando Puerto Príncipe se inflama, es probable que el Artibonito sufra una escalada poco después. Lo inverso parece menos cierto: una crisis en Gonaïves no provoca necesariamente sobresaltos en la capital. La violencia parece comportarse como un fluido: parte del punto más alto (la capital saturada) y fluye hacia el punto más bajo (la provincia menos defendida).
La prueba de los hechos: el eje G-Pèp / Gran Grif
Los informes de la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos (RNDDH) documentan los vínculos logísticos entre la coalición G-Pèp de Puerto Príncipe y la pandilla «Gran Grif» de Savien (Artibonito). Esas fuentes describen cómo, durante las treguas en la capital, se desplazan «soldados» hacia el norte para reforzar el dominio territorial, lo que convierte el Artibonito en una zona de expansión estratégica. Conviene señalar, no obstante, que esa coordinación parece más oportunista que jerárquica, ya que cada grupo conserva su autonomía operativa.
El factor tiempo: una alerta con 14 días de antelación
Esa ola que parte del Oeste no golpea el norte al instante. Al analizar los tiempos de reacción (lags) en nuestras series temporales, observamos un desfase recurrente: el pico de violencia en el Artibonito tiende a producirse una o dos semanas después de un choque en Puerto Príncipe.
Es el tiempo de la «fricción» real. Las pandillas no se teletransportan. Necesitan dos semanas para reorganizar las tropas, trasladar las armas, negociar los pasos e instalar nuevos peajes. Para el Estado, no es una mala noticia; es, potencialmente, una oportunidad. Significa que, después de cada gran operación en la capital, podría existir una ventana de 14 días para actuar.
La prueba de los hechos: el desfase de marzo de 2024
Tras los ataques coordinados del 29 de febrero de 2024 en Puerto Príncipe, la atención se concentró en la capital. Sin embargo, el Emergency Situation Report No. 11 de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), del 25 de marzo de 2024, señala una aceleración brusca de los desplazamientos de población en el Artibonito a partir de mediados de marzo, es decir, unas dos semanas después del inicio de la crisis en Puerto Príncipe. Ese desfase observado coincide con la ventana identificada por nuestro modelo temporal.
La saturación: cuando el dique cede
¿Puede un territorio encajar indefinidamente la violencia sin quebrarse? No. Al analizar la distribución estadística de los hechos violentos por municipio (percentiles), identificamos umbrales de ruptura.
| Zona | Ciudades afectadas | Nivel actual | Diagnóstico |
|---|---|---|---|
| Bajo Artibonito | Saint-Marc, Liancourt, Verrettes | > 16 crisis / mes | EL DIQUE SE HA ROTO (Saturado) |
| Alto Artibonito | Gonaïves, Ennery | ~ 5 crisis / mes | EL DIQUE AÚN RESISTE (Bajo presión) |
El Bajo Artibonito parece funcionar como una represa que protege al resto del norte. Nuestro análisis sugiere una capacidad máxima de unos 14 incidentes por semana. Hoy, con un promedio de 16.5, la represa parece desbordarse. La policía local se ve sobrepasada, las estructuras sociales se debilitan.
La prueba de los hechos: el abandono de Liancourt
El informe de la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (BINUH) al Consejo de Seguridad del 14 de abril de 2023 (S/2023/274) confirma el derrumbe institucional tras la saturación. En el párrafo 18 se señala que, después de los ataques reiterados de la pandilla Gran Grif, la Policía Nacional de Haití (PNH) abandonó la comisaría de Liancourt en enero de 2023, lo que dejó la ciudad sin defensa y selló la ruptura del dique de seguridad.
La firma de las pandillas: delitos que viajan, otros que se quedan
No todos los delitos se parecen. Al aplicar nuestro modelo espacial por tipo de hecho violento, distinguimos dos tipos de amenazas.
Los enfrentamientos (ρ > 0.35): es una violencia «móvil». Es la guerra de conquista. Cuando una pandilla gana terreno, el frente avanza físicamente. Es este tipo de violencia el que remonta la Ruta Nacional 1.
Los secuestros (ρ < 0.10): es una violencia «inmóvil». El secuestro necesita casas de seguridad y complicidades locales. Una industria del secuestro no se traslada de la noche a la mañana.
Si se quiere detener el contagio regional, hay que dar prioridad a la lucha contra los enfrentamientos y al control de las carreteras. El secuestro es terrible, pero sigue siendo un problema localizado.
Señales débiles: la dispersión como indicador de alerta
Más allá del número de muertos, la señal de alarma más inquietante es la dispersión geográfica: la violencia alcanza cada vez a más localidades distintas.
Cuando una pandilla controla sólidamente una zona, la violencia permanece concentrada. Pero cuando todo se vuelve inestable, la violencia se dispersa. Es lo que ocurre actualmente en el Bajo Artibonito: la violencia se desborda de los grandes cruces de caminos (Pont-Sondé) hacia las zonas rurales (Verrettes, La Chapelle).
Nuestras observaciones sugieren que, actualmente, el Bajo Artibonito registra un aumento del número de secciones comunales afectadas cada mes. La violencia ya no se conforma con los cruces estratégicos (Pont-Sondé); parece infiltrarse en las zonas rurales adyacentes (Verrettes, La Chapelle).
Esa dispersión es el signo precursor de una pérdida total de control: el enemigo ya no está localizado, está difuso. Para Gonaïves, la señal de alerta no será un ataque frontal masivo, sino esa multiplicación de pequeños incidentes periféricos que van cercando la ciudad.
La prueba de los hechos: el cerco progresivo
Los informes de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) sobre los desplazamientos (DTM) muestran que la población no solo huye de las zonas de combate directo, sino que abandona de forma preventiva zonas rurales periféricas donde se ha señalado la presencia de «exploradores» armados. Esa migración preventiva es el signo tangible de esa dispersión que los satélites no ven, pero que los habitantes perciben.
La topología de la resistencia: por qué el sur resiste (por ahora)
¿Por qué arde el Artibonito (norte) mientras el Gran Sur resiste mejor al contagio masivo? La respuesta no es solo política: es topológica.
El análisis de las redes viales muestra una diferencia fundamental. El acceso al norte (RN1) es un «corredor abierto» que atraviesa zonas de poblamiento continuo (Canaan, Cabaret, Arcahaie). El contagio se produce allí por capilaridad. El acceso al sur (RN2), en cambio, pasa por un cuello de botella geográfico (Mariani/Gressier) encajado entre el mar y la montaña.
Ese cuello de botella actúa como un cerrojo físico. Sin embargo, los datos muestran que la presión sobre ese cerrojo aumenta (alza de los incidentes en Mariani). Si ese punto de ruptura cede, la propagación hacia el sur será mucho más rápida y brutal que hacia el norte, porque no hay «zonas tapón» intermedias. El sur no resiste porque sea pacífico, sino porque su geografía es más defendible. Un matiz importante: el cabotaje marítimo (Arcahaie → La Gonâve → Puerto Príncipe) ofrece una ruta alternativa cuando la RN1 terrestre está bloqueada, lo que permite a veces sortear los cerrojos terrestres.
La prueba de los hechos: la batalla de Gressier
Los reiterados intentos de tomar la comisaría de Gressier en 2024, documentados por la prensa y por los informes de seguridad, ilustran esa presión sobre el cuello de botella. A diferencia del norte, donde las pandillas rodean los obstáculos por las llanuras, en el sur tienen que romper el cerrojo de frente. La resistencia de ese punto nodal constituye un cerrojo estratégico de primer orden para la seguridad de cuatro departamentos.
El bucle logístico: el norte alimenta la guerra del sur
No hay que ver la violencia como un simple desplazamiento de hombres armados. Es ante todo un desplazamiento de recursos. El Artibonito no es solo un campo de batalla: es el granero y el almacén de la capital.
Los datos económicos (precio de la canasta alimentaria, flujos de transporte) sugieren una correlación entre la inseguridad en la RN1 y la inflación en Puerto Príncipe. La hipótesis más sólida es la de un bucle logístico: las pandillas del Oeste exportan la violencia hacia el norte para controlar los flujos de mercancías (arroz, cemento). Las rentas obtenidas mediante extorsión en la RN1 (cobros por derecho de paso, desvío de cargamentos) vuelven en efectivo a la capital para comprar municiones y pagar a los «soldados». Cortar la violencia en el norte no es una acción humanitaria: es una acción estratégica para asfixiar financieramente a los grupos del Oeste.
La prueba de los hechos: la economía de las barricadas
El informe de la Iniciativa Global contra la Delincuencia Organizada Transnacional (GI-TOC) de febrero de 2024 documenta la burocratización de los puestos de control en las carreteras como fuente de renta estructurada para las pandillas. La intensificación de los «peajes» observada en el Bajo Artibonito, coherente con nuestros datos sobre los flujos económicos, sugiere una diversificación de la cartera criminal.
El principio de simultaneidad
El análisis de tres años de conflicto conduce a una conclusión operativa ineludible. En un sistema de vasos comunicantes (nuestro modelo estima una conexión ρ = 0.27), toda acción local aislada está condenada al fracaso a medio plazo.
Golpear el Oeste refuerza el norte. Asegurar la RN1 sin tratar la fuente en Canaan no hace más que desplazar el punto de bloqueo. La única respuesta matemáticamente viable es la simultaneidad. No se trata de tener más fuerzas, sino de emplearlas al mismo tiempo en los puntos nodales (emisores y receptores). Conviene precisar que esa interconexión no descansa necesariamente en una coordinación jerárquica centralizada, sino más bien en una adaptación oportunista: los grupos armados, aunque autónomos, explotan las mismas vulnerabilidades estructurales y reaccionan a las mismas presiones de forma previsible.
Mientras la respuesta de seguridad sea secuencial (primero aquí, después allá), siempre dejará a los grupos armados el tiempo (la ventana observada de unos 14 días) y el espacio para redesplegarse. La guerra contra la inseguridad en Haití no es una batalla por el territorio: es una batalla de ritmo.