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Autopsie · Moneda y macroeconomía

¿Puede Haití alcanzar a la República Dominicana? El vértigo de las cifras

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Publicado en Le Nouvelliste el 21 de octubre de 2026. Leer en lenouvelliste.com ↗

Traducción del original francés. En caso de discrepancia, prevalece el texto francés. Leer el original en francés

¿Cuántos años harían falta para que un haitiano produjera tanto como un dominicano, un jamaicano o un cubano? La columna responde con un cálculo de supuestos explícitos: alrededor de una generación para alcanzar a Jamaica y a Cuba a un ritmo excepcional, más de sesenta años para la República Dominicana. Muestra que lo esencial de la brecha se debe a la productividad, es decir, a las instituciones y a la seguridad, y propone seis palancas para poner en marcha la convergencia.

Lo que un haitiano produce en un año entero, un dominicano lo produce en seis semanas, un jamaicano en tres meses y un cubano en cuatro. De ahí una pregunta sencilla: ¿cuántos años harían falta para que un haitiano produjera, en promedio, tanto como un dominicano, un jamaicano o un cubano? Nadie puede predecirlo con certeza. Un cálculo, en cambio, sí puede ofrecer órdenes de magnitud, siempre que exponga desde el principio sus supuestos y sus límites. Si la economía haitiana creciera cada año al ritmo que han mantenido Bangladés y Vietnam desde 1990, necesitaría alrededor de una generación, entre 24 y 34 años, para alcanzar a Jamaica y a Cuba. Para alcanzar a la República Dominicana, que sigue avanzando, necesitaría más de sesenta años, incluso a un ritmo excepcional.

Sin embargo, la principal restricción no es la que se cree. Lo que falta en primer lugar no son fábricas ni escuelas, sino la capacidad del país para sacar partido de los recursos de que dispone. La brecha de riqueza reside ante todo en la eficacia de las instituciones, en la seguridad y en la estabilidad del entorno económico.

La pregunta que todos se hacen

Todo haitiano que ha cruzado la frontera por Ouanaminthe o por Malpasse se ha hecho la misma pregunta al observar las infraestructuras, el alumbrado público y la vitalidad de los comercios del otro lado: ¿cuántos años necesitaríamos para vivir como ellos?

A esta pregunta se suele responder con un suspiro de resignación o con predicciones arbitrarias. Este artículo propone responderla con un cálculo basado en la teoría del crecimiento económico, en datos públicos verificables (Banco Mundial, PNUD, Penn World Table y base de datos de Maddison, consultados el 17 de octubre de 2026) y en supuestos transparentes; las fórmulas se remiten al anexo. El análisis muestra cómo se instaló la mecánica del atraso, de qué está hecha realmente la brecha, qué sostuvo y después dejó caer a la economía haitiana en los últimos treinta años, qué podría desbaratar estos cálculos y qué lecciones concretas pueden extraerse de los casos de éxito regionales e internacionales.

Antes de las cifras, sus límites. Este cálculo no predice nada: prolonga tendencias y dice lo que haría falta para cambiarlas. No sabe anticipar las rupturas, ya se trate de un cambio profundo de gobernanza o de un salto tecnológico como el que promete la inteligencia artificial, y la historia económica está hecha de esas rupturas. La velocidad de convergencia que adopta, un 2 % de la brecha cerrada cada año, es un promedio mundial; algunas estimaciones la sitúan entre dos y cinco veces más arriba. Los propios datos haitianos son frágiles: la última gran encuesta sobre los ingresos de los hogares data de 2012, y el Banco Mundial, que clasifica a Haití entre los países afectados por conflictos, invita a leer sus estimaciones con cautela. Las fuentes también divergen: según la base de datos de Maddison, el dominicano medio produce 11.5 veces más que el haitiano en 2022, frente a 7.6 veces según el Banco Mundial. Por último, un promedio por habitante no dice nada de cómo se reparte la riqueza, y Haití tiene una de las distribuciones del ingreso más desiguales del mundo (índice de Gini de 0.6 según el Banco Mundial, septiembre de 2026). Los años que siguen son, por tanto, órdenes de magnitud, no fechas prometidas.

La respuesta directa: los escenarios de convergencia

Si Haití lograra aumentar su producto interno bruto (PIB) por habitante entre un 5 y un 6 % anual, un ritmo cercano al que Vietnam y Bangladés mantuvieron de 1990 a 2022 (un 5.1 % anual según la base de datos de Maddison 2023), alcanzaría el nivel de vida de Jamaica en un plazo de 27 a 34 años y el de Cuba en un plazo de 24 a 30 años, aun cuando esos dos países siguieran avanzando a su ritmo habitual. En el caso de Cuba, estos plazos se basan en una estimación, porque la isla no publica cuentas comparables a las de sus vecinos: con las cifras de la base de Maddison, que la sitúan más arriba, serían alrededor de un 45 % más largos. Un niño que nace hoy en Puerto Príncipe llegaría entonces a la edad adulta en un país comparable a sus vecinos insulares. Con un crecimiento más modesto, del 4 % anual, la trayectoria se extendería a lo largo de cuatro décadas; al 3 %, harían falta más de sesenta años. Al ritmo observado en los últimos treinta años, la convergencia no llegaría nunca, porque Haití se hunde en el retroceso.

La República Dominicana plantea un desafío de una escala muy distinta. Su habitante medio es hoy casi nueve veces más rico que el haitiano, y la economía vecina sigue avanzando. Aunque Haití registrara una tasa excepcional del 7 % anual durante varias décadas, necesitaría 67 años para alcanzarla si esta mantiene su velocidad de crucero, y 45 años si se desacelerara al 2 %. Si las tendencias se prolongan, ningún adulto que viva hoy verá a Haití al nivel de Santo Domingo. No alcanzar no significa no ganar nada. Si Haití reuniera las condiciones para vivir algún día como los dominicanos de hoy, su crecimiento partiría de alrededor del 6.7 % anual e iría desacelerándose poco a poco; hacia 2075, el dominicano medio ya no produciría 8.7 veces más que el haitiano, sino menos de 3 veces más. Ese cambio ya transformaría la vida a ambos lados de la frontera.

Cuadro 1. Producción por habitante en dólares de poder adquisitivo comparable (PPA de 2021)

País 1990 2019 2024 Variación anual (1990 a 2024) Variación anual (2019 a 2024) Relación con el nivel haitiano (2024)
Haití 3923 3362 2784 -1.0 % -3.7 % 1.0
República Dominicana 7328 21 451 24 230 +3.6 % +2.5 % 8.7
Jamaica 8880 10 816 11 340 +0.7 % +1.0 % 4.1
Cuba (estimación, anexo A6) 5616 9198 8356 +1.2 % -1.9 % 3.0

Fuentes: Banco Mundial, Indicadores del Desarrollo Mundial (consultados el 17 de octubre de 2026); PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano 2025.

De este panorama se desprenden tres grandes tendencias. Primera constatación: el declive haitiano es profundo. En 2024, un haitiano dispone de un 29 % menos de recursos que en 1990 y de un 17 % menos que en 2019. Siete años consecutivos de contracción, de 2019 a 2025, borraron las ganancias de las recuperaciones de 1995 a 1999, de 2005 a 2009 y de 2011 a 2014, y el Banco Mundial prevé un octavo retroceso en 2026 (página de país de Haití, 7 de octubre de 2026). Segunda constatación: la trayectoria dominicana representa un despegue notable. El país multiplicó su ingreso por habitante por 3.3 en 34 años (+3.6 % anual), el duodécimo mejor desempeño entre 164 economías de 1990 a 2022 según la base de Maddison. Por último, Jamaica y Cuba muestran que la proximidad geográfica no garantiza un crecimiento fuerte: la primera solo avanzó un 0.7 % anual; la segunda perdió un tercio de su ingreso por habitante entre 1990 y 1993, y otro 9 % entre 2019 y 2024.

Curvas del PIB real por habitante de 1990 a 2024, índice 100 en 1990: República Dominicana 331, Cuba 149, Jamaica 128, Haití 71, con las caídas haitianas del embargo de 1991 a 1994, del terremoto de 2010 y de los años 2019 a 2024.
Gráfico 1. PIB real por habitante, índice 1990 = 100. Fuentes: Banco Mundial, Indicadores del Desarrollo Mundial (PPA en dólares constantes de 2021; Cuba: dólares constantes de 2015), consultados el 17 de octubre de 2026.

La mecánica económica del atraso

Desde los trabajos de Solow y Swan (1956), los economistas describen el crecimiento como una carrera hacia un techo de riqueza propio de cada nación. Cuanto más lejos está un país de su propio techo, más rápida es su velocidad de convergencia. Una vez alcanzado el techo, el avance se estabiliza al ritmo de la innovación técnica mundial, es decir, alrededor de un 2 % anual.

Ese techo depende de cuatro pilares: la parte del ingreso invertida en infraestructuras y equipos, la dinámica demográfica, el nivel educativo de la población activa y la eficiencia global con que se combinan esos recursos. Esa eficiencia, que los economistas llaman productividad total de los factores, abarca el marco institucional, la seguridad de los bienes y de las personas, la fiabilidad de la red eléctrica y la eficacia de la justicia.

Un país situado por debajo de su techo cierra cada año alrededor del 2 % de la distancia que lo separa de él: Barro y Sala-i-Martin (1992) encontraron ese ritmo tanto entre los estados de Estados Unidos como entre los países de la OCDE, y la fórmula de Mankiw, Romer y Weil (1992) da un 2.1 % con los datos haitianos (anexo A2). A ese ritmo, la mitad del atraso se recupera en 33 años.

La enseñanza central para Haití reside en una distinción: si todos los países compartieran el mismo techo, los más pobres alcanzarían automáticamente a los más ricos, y Haití debería crecer cada año unos 4.5 puntos más que la República Dominicana. En realidad crece 4.6 puntos menos desde 1990, y 6 puntos menos desde 2019. Cada nación solo alcanza su propio techo. Haití no va simplemente rezagado camino de una cima elevada: está inmovilizado en el fondo de la clasificación porque su techo actual es extremadamente bajo. Treinta años de estancamiento muestran que, para avanzar, no basta con querer correr más rápido: hay que elevar el techo.

El cuadro 2 traduce esta mecánica en años. Cuenta como se cuenta entre dos vehículos en una misma carretera: el tamaño de la distancia dividido por la diferencia de velocidad (anexo A3). Para medir lo que representan esos ritmos, un 5 % anual equivale a duplicar el nivel de vida cada catorce años; desde 1990, las mejores recuperaciones haitianas no han superado el 2.4 % anual por habitante.

Cuadro 2. Número de años necesarios para igualar el nivel de vida de los vecinos (niveles de 2024)

Ritmo anual de Haití Rep. Dominicana (a +3.6 % anual) Rep. Dominicana (desacelerada a +2 % anual) Jamaica (a +0.7 % anual) Cuba (a +1.2 % anual)
3 % anual Nunca 222 años 63 años 61 años
4 % anual 535 años 111 años 44 años 40 años
5 % anual 159 años 75 años 34 años 30 años
6 % anual 94 años 56 años 27 años 24 años
7 % anual 67 años 45 años 23 años 20 años

Cálculo del autor, anexo A3, a partir de los niveles del cuadro 1. Todos los ritmos son tasas anuales medias; los de los vecinos corresponden a sus tendencias de 1990 a 2024.

Curvas del número de años necesarios para igualar a cada vecino según el ritmo de crecimiento anual de Haití, del 2 al 8 %: al 5 %, unos 34 años para Jamaica y 30 años para Cuba; la República Dominicana queda más allá del horizonte de 2100 si mantiene su tendencia.
Gráfico 2. Años necesarios para igualar el nivel de vida de cada vecino según el ritmo de crecimiento anual por habitante que mantuviera Haití. Lectura: al 5 % anual, Haití alcanza el nivel de Jamaica en 34 años y el de Cuba en 30 años; la República Dominicana, si mantiene su tendencia, queda fuera de alcance. Cálculo del anexo A3 a partir de los niveles de 2024.

Un vehículo, sin embargo, reduce la velocidad al acercarse a su techo. Por eso el gráfico 3 traza tres trayectorias, según la altura a la que Haití lograra elevar el suyo (anexo A5). Primer caso: Haití invierte y escolariza tanto como la República Dominicana, sin cambiar nada más; su techo solo sube a 5100 dólares por habitante, su crecimiento arranca en el 3.3 % y luego pierde fuelle, y solo alcanza a Jamaica y a Cuba al final del siglo, en 2097 y 2099. Segundo caso: Haití reúne además suficiente seguridad y suficientes instituciones para poder vivir algún día como los jamaicanos de hoy; alcanzaría a Cuba en 2063 y a Jamaica en 2068. Tercer caso: las reúne hasta el punto de poder vivir algún día como los dominicanos de hoy; alcanzaría a Cuba en 2050 y a Jamaica en 2055, y la brecha con Santo Domingo caería a menos de 3 a 1 en 2075. El Banco Interamericano de Desarrollo, con otro modelo (Cicowiez y Filippo, nota técnica IDB-TN-1485, septiembre de 2018), llegaba al mismo orden de magnitud: 185 años para alcanzar el nivel dominicano en su escenario de base.

Trayectorias del ingreso por habitante de 2024 a 2100, en escala logarítmica: tres escenarios para Haití según el techo adoptado, y las tendencias de la República Dominicana, Jamaica y Cuba.
Gráfico 3. Ingreso por habitante de 2024 a 2100 según el techo que Haití se fije (tres escenarios, anexo A5) y según la tendencia de los vecinos. En la escala logarítmica utilizada aquí, una pendiente regular significa un crecimiento regular en porcentaje. Niveles de 2024: Banco Mundial; Cuba: PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano 2025.

Anatomía de la brecha: ¿qué le falta realmente a Haití?

Para determinar las prioridades nacionales, conviene descomponer la brecha de ingreso entre Haití y sus vecinos en tres componentes, según el método de Hall y Jones (1999): el equipamiento material (fábricas y equipos), la escolaridad (5.4 años de media en Haití, frente a 9.4 en la República Dominicana y 10.0 en Jamaica, según el Informe sobre Desarrollo Humano 2025) y la productividad total.

Barras de descomposición de la brecha de ingreso en 2024: con la República Dominicana, 11 % para el equipamiento, 17 % para la escuela y 72 % para la productividad; con Jamaica, 12 %, 28 % y 59 %.
Gráfico 4. De qué está hecha la brecha de ingreso por habitante en 2024: la parte que se debe a las fábricas, las carreteras y los equipos, la que se debe a la escuela y la que se debe a la productividad, es decir, a la eficiencia de conjunto del país (método de Hall y Jones, 1999; anexo A4). Fuentes: Banco Mundial; PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano 2025; Penn World Table 11.0.

El análisis revela una realidad llamativa. Cerca del 72 % de la brecha de riqueza entre Haití y la República Dominicana corresponde a la productividad total. La falta de equipamiento físico solo explica el 11 % de la diferencia, y el déficit de escolarización, el 17 %. Frente a Jamaica, la productividad sigue representando el 59 % de la fractura. Esta cifra es un orden de magnitud, no una medida directa del peso de las instituciones: se obtiene por diferencia y agrupa todo lo que el equipamiento y los años de escuela no explican, incluidas la calidad de la enseñanza y las imperfecciones de las estadísticas. Aun así, dice lo esencial: la mayor parte de la brecha no se debe ni al número de fábricas ni al número de años pasados en la escuela. Si Haití invirtiera y escolarizara como Santo Domingo sin cambiar nada más, su ingreso por habitante apenas se duplicaría, hasta llegar a la quinta parte del nivel dominicano.

Este resultado cambia profundamente las prioridades. No significa que la educación o las obras públicas sean inútiles, sino que cada gourde invertida en una escuela o en una carretera seguirá rindiendo muy poco mientras la paralicen la inseguridad, la inestabilidad política, los cortes de electricidad y las deficiencias del Estado. El Banco Mundial lo mide en su informe Haiti: Pathways to Growth Amid Rising Risks (septiembre de 2026): la productividad retrocede desde 2019, el país pierde equipamiento más rápido de lo que lo construye, y la agricultura, que ocupa a casi la mitad de la población activa, recibe menos del 1 % del crédito formal. El informe del Grupo de Expertos de las Naciones Unidas S/2025/356 (10 de junio de 2025) ofrece una ilustración: un contenedor paga entre 500 y 1000 dólares de peaje a las pandillas antes de salir del puerto de la capital.

Lo que los vecinos hicieron de otra manera

La observación de nuestros vecinos regionales ofrece enseñanzas contrastadas sobre las estrategias de desarrollo a largo plazo.

Cuadro 3. Síntesis de los motores económicos regionales (1990 a 2025)

País Motores clave Instrumentos de política Límites observados
República Dominicana (+3.6 % anual) Zonas francas (198 552 empleos en 2024), turismo (11.2 millones de visitantes en 2024), remesas de la diáspora. Ley 8-90 de zonas francas (1990), aeropuerto privado de Punta Cana (1984), metas de inflación (2012). Escasas ganancias de productividad (0.4 puntos de 4.9), empleo informal del 53 %, elevadas pérdidas eléctricas.
Jamaica (+0.7 % anual) Turismo, servicios externalizados (62 000 empleos en 2024), remesas de la diáspora. Acuerdo con el FMI (2013), comité de seguimiento con empresarios y sindicatos (EPOC), seguros contra catástrofes. Emigración del 80 % de los titulados de educación superior, criminalidad que cuesta al menos el 4 % del PIB, choques climáticos (Melissa, 2025).
Cuba (+1.2 % anual) Turismo, exportación de servicios médicos (8.2 mil millones de dólares en 2014), petróleo venezolano. Legalización del dólar (1993), acuerdo de petróleo a cambio de médicos con Venezuela (2000), apertura al trabajo por cuenta propia (2010 y 2011), zona de Mariel (2013). Dependencia de los choques externos, aguda crisis energética, declive demográfico, caída del PIB del 10.3 % prevista para 2026 (CEPAL).

Fuentes: Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación (2024); Banco Central de la República Dominicana (2025); BID, OVE (revisión 2021 a 2024); Banco Mundial (2004); Jamaica Observer (octubre de 2025); Tesoro francés (2020); CEPAL (agosto de 2026).

La República Dominicana construyó su crecimiento sobre la atracción continua de capital privado hacia las zonas francas, que emplean a 198 552 personas y exportaron 8.4 mil millones de dólares en 2024 (Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación), y hacia el turismo, que pasó de 1.8 millones de llegadas en 1995 a 11.2 millones de visitantes y 10.97 mil millones de dólares de ingresos en 2024 (Banco Central de la República Dominicana), con el respaldo de una inflación mantenida por debajo de la meta desde 2012. Con todo, su productividad interna sigue siendo modesta: de un crecimiento anual del 4.9 % entre 2013 y 2023, solo aportó 0.4 puntos; el resto provino de una inversión que pasó del 20 al 25 % del PIB (Banco Interamericano de Desarrollo, OVE, revisión 2021 a 2024). Su dinámica descansa en una acumulación masiva e ininterrumpida de capital más que en un salto tecnológico.

Jamaica ilustra el papel de la disciplina macroeconómica. Con el acuerdo con el FMI de mayo de 2013 y un comité de seguimiento en el que participan empresarios y sindicatos, redujo su deuda del 147 % del PIB en 2012 al 62 % en 2025. Esa disciplina la hizo resistente: golpeada el 28 de octubre de 2025 por el huracán Melissa, que causó daños y pérdidas equivalentes al 56.7 % de su PIB (Instituto de Planificación de Jamaica y CEPAL, marzo de 2026), solo retrocedió un 1.7 % en el ejercicio (Comisión Fiscal Independiente, junio de 2026). Sin embargo, la criminalidad, que cuesta al menos el 4 % del PIB, y la emigración del 80 % de sus titulados de educación superior, señaladas por el Banco Mundial ya en 2004, siguen frenando su crecimiento: desde 1990, su ingreso por habitante solo ha aumentado un 0.7 % anual (cuadro 1).

Cuba, por último, muestra que un nivel educativo elevado no basta para garantizar la prosperidad. Pese a 10.6 años de escolaridad media y 78 años de esperanza de vida, la isla vive en 2026 el hundimiento simultáneo de sus tres motores: ni una sola entrega de petróleo venezolano desde la captura de Nicolás Maduro por las fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026, un turismo que cayó un 48 % en el primer trimestre, al menos seis apagones generales en el año y una población que pasó de 10.06 a 9.75 millones en un año según la oficina de estadística cubana. La CEPAL prevé una caída del PIB del 10.3 % en 2026 (20 de agosto de 2026).

Lo que sostuvo a Haití, y lo que lo dejó caer

Barras de la participación de la agricultura, la industria y los servicios en el valor agregado, en 1990 y en 2024, para Haití, la República Dominicana, Jamaica (1993 y 2024) y Cuba.
Gráfico 5. Peso de cada gran sector en la producción del país, en porcentaje. Fuente: Banco Mundial, NV.AGR.TOTL.ZS, NV.IND.TOTL.ZS, NV.SRV.TOTL.ZS (Jamaica: 1993, primer año disponible).

En treinta años, la economía haitiana cambió de naturaleza sin ganar fuerza. La agricultura pesaba el 30 % del PIB en 1990 y el 17 % en 2024, pero sigue ocupando al 45 % de la población activa; su producción ha retrocedido un 25.7 % desde el ejercicio 2018, y el mango francisque perdió el mercado estadounidense en octubre de 2022 (Banco Mundial, septiembre de 2026). Los servicios ocuparon su lugar, impulsados por el teléfono (la llegada de Digicel en 2006 elevó las suscripciones móviles de 5.5 por cada 100 habitantes en 2005 a 70 en 2013) y, sobre todo, por la diáspora, cuyas remesas pasaron del 8.5 % del PIB en 2000 al 22.5 % en 2020, con un récord de 4.4 mil millones de dólares en el ejercicio 2025.

La industria tuvo un solo motor real: el ensamblaje de prendas de vestir para el mercado estadounidense, libre de aranceles gracias a las leyes HOPE (2006), HOPE II (2008) y HELP (2010). Las ventas a Estados Unidos subieron de 231 millones de dólares en 2001 a 994 millones en 2021, para luego caer a 522 millones en 2025, y el empleo bajó de 58 500 a 24 300 personas (Banco Mundial, septiembre de 2026). El régimen, vencido el 30 de septiembre de 2025, fue restablecido y después prorrogado hasta el 31 de diciembre de 2028 por la ley firmada el 2 de septiembre de 2026. El resto fue la construcción de las dos reconstrucciones financiadas desde el exterior: la inversión alcanzó el 26.5 % del PIB entre 1995 y 1999 y el 25 % en 2010, antes de caer al 12 % en 2024. Haití conoció, pues, recuperaciones, nunca una aceleración duradera: ninguna superó los cinco años ni el 2.4 % anual por habitante.

Lo que podría desbaratar estos cálculos

Los límites planteados al principio no son una precaución formal: abren el futuro. El crecimiento no avanza en línea recta, sino a saltos. Hausmann, Pritchett y Rodrik (2005) contabilizaron 83 aceleraciones del crecimiento en el mundo entre 1957 y 1992: un país tenía aproximadamente una posibilidad entre cuatro de vivir una en el transcurso de una década, y esos saltos solían seguir a un cambio político de envergadura, mucho más raramente a una reforma aislada. Georgia creció un 9.3 % anual de 2004 a 2007 tras refundar su policía y su administración tributaria; Ruanda mantuvo entre un 7 y un 8 % anual de 2000 a 2019 (Agencia Francesa de Desarrollo, 2021), y Etiopía, cerca del 10 % anual de 2004 a 2019 (FMI). Ningún modelo de convergencia había previsto esas trayectorias.

La velocidad del 2 % adoptada aquí es, a su vez, un promedio. Las estimaciones que siguen a los países a lo largo del tiempo encuentran velocidades del 4 al 10 % anual (Islam, 1995; Caselli, Esquivel y Lefort, 1996). Al 5 %, en el tercer caso descrito más arriba, Haití alcanzaría a Jamaica hacia 2041 y no en 2055. Un cambio profundo de gobernanza actuaría precisamente allí donde se encuentra lo esencial de la brecha: sobre la parte que corresponde a la productividad, es decir, sobre el propio techo. El modelo sabe medir ese techo; no sabe decir cuándo un país decide elevarlo.

La inteligencia artificial puede ser uno de esos saltos. El Informe sobre el Desarrollo Mundial 2026 del Banco Mundial, publicado el 4 de agosto de 2026 y dedicado a la inteligencia artificial, estima que el 16.2 % de los empleos de las economías en desarrollo podría ver su productividad claramente aumentada. Insiste en herramientas sencillas y baratas, adaptadas a las condiciones locales: la enfermera que diagnostica más rápido, el maestro que prepara mejor su clase, el campesino que elige cuándo sembrar, la administración tributaria que fiscaliza mejor. Su economista jefe, Indermit Gill, llega a hablar de «un siglo de desarrollo en una década» para los países que cierren a tiempo sus brechas de electricidad, conectividad y competencias. Haití ya se saltó una etapa una vez: generalizó el teléfono móvil, de 5.5 a 70 suscripciones por cada 100 habitantes entre 2005 y 2013, sin haber generalizado nunca el teléfono fijo. Pero en 2024 solo el 54 % de los haitianos tenía acceso a la electricidad y el 48 % usaba internet (Banco Mundial). El mismo informe advierte de que la inteligencia artificial también puede ahondar las desigualdades, propagar la desinformación y servir a la represión política.

Estas rupturas no vuelven inútil el cálculo: cambian sus datos de partida. El cálculo dice lo que haría falta para que cuenten: un ritmo cercano al 5 % anual mantenido durante una generación.

Seis líneas de acción para impulsar el repunte

Para poner en marcha una dinámica de convergencia, Haití puede inspirarse en experiencias exitosas de países que superaron situaciones de fragilidad extrema o de posconflicto.

Cuadro 4. Seis palancas y los modelos que las inspiran

Ámbito Experiencia internacional Aplicación concreta para Haití
Seguridad focalizada El Salvador: homicidios de 106 a 1.9 por cada 100 000 (2015 a 2024). Medellín: restablecimiento del orden seguido de equipamientos públicos. Fuerza de seguridad llevada a su dotación completa (1500 de 5500 a finales de septiembre de 2026) e inversiones urbanas en los barrios recuperados.
Acceso a los mercados Camboya: acuerdo textil de 1999 vinculado a normas laborales verificadas por la OIT; exportaciones multiplicadas por cinco (2004 a 2024). Refinanciación de Better Work Haiti y preferencia HOPE/HELP de diez años más allá de 2028.
Corredores económicos Mauricio: zona franca de 1970. Energía, aduanas y seguridad concentradas en los corredores Norte y Sur (puerto de Cabo Haitiano, parques industriales del Norte).
Ahorro de la diáspora Israel e India: entre 35 y 40 mil millones de dólares en bonos de la diáspora. México: programa 3x1. Títulos de ahorro garantizados para la diáspora y reducción del costo de las remesas del 4.70 % al 3 %.
Tierras y agricultura Ruanda: 10.3 millones de parcelas registradas a unos 6 dólares. Vietnam: tierra confiada a los hogares (1988). Entrega de títulos de propiedad en las llanuras de regadío y fondo de garantía para el crédito rural.
Disciplina fiscal Georgia: ingresos del 12 al 26 % del PIB (2003 a 2007). Jamaica: comité público de seguimiento (2013). Ampliación de la base tributaria (4.8 % del PIB en la actualidad) y comité mixto de seguimiento presupuestario.

Fuentes: Banco Mundial (2012, 2026); Cerdá et al. (2012); IDE-JETRO (2012); USTR (2025); Ketkar y Ratha (2007); Ali, Deininger y Goldstein (2014); Al Jazeera (29 de septiembre de 2026).

La primera palanca atañe a la seguridad, condición previa de cualquier inversión. El Salvador redujo su tasa de homicidios de 106 por cada 100 000 habitantes en 2015 a 1.9 en 2024, a costa de más de 81 000 detenciones y de 261 muertes bajo custodia documentadas por la organización Cristosal en 2024. Medellín siguió otra vía: la reconquista de los barrios, seguida de teleféricos, bibliotecas y escuelas, con una caída de los homicidios un 66 % mayor en los barrios atendidos (Cerdá et al., American Journal of Epidemiology, 2012). La lección es que la neutralización de los grupos armados debe ir acompañada de inmediato por una presencia social del Estado. En Haití, la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) contaba con unos 1500 efectivos a finales de septiembre de 2026, de los 5500 autorizados, y las elecciones previstas para el 13 de diciembre de 2026 fueron aplazadas sin fecha el 6 de octubre.

El segundo eje consiste en sacar partido de nuestro acceso a los mercados. El acuerdo textil de 1999 entre Estados Unidos y Camboya concedía cuotas más amplias a las fábricas cuyo respeto del derecho laboral verificaba la OIT; las exportaciones camboyanas de prendas de vestir se multiplicaron por cinco entre 2004 y 2024. Haití dispone del mismo instrumento, Better Work Haiti, privado de financiación estadounidense desde el 27 de marzo de 2025 (USTR, informe HOPE II 2025). Hay que refinanciarlo con los compradores y negociar desde ahora una preferencia de diez años más allá de 2028.

La tercera prioridad pasa por favorecer corredores económicos. La isla Mauricio, que el economista James Meade daba por condenada en 1961, construyó su crecimiento sobre una zona franca creada en 1970. En lugar de esperar una solución global a los problemas de la capital, el país saldría ganando si concentrara la energía, los servicios aduaneros y la seguridad en los corredores Norte y Sur que propone el Banco Mundial (septiembre de 2026), en torno al puerto de Cabo Haitiano y a los parques industriales del Norte, que sostienen unos 16 000 empleos.

La cuarta palanca busca transformar la naturaleza de los flujos financieros de la diáspora. Israel e India captaron entre 35 y 40 mil millones de dólares con bonos vendidos a sus emigrantes (Ketkar y Ratha, Banco Mundial, 2007); México añade tres dólares públicos por cada dólar que aportan las asociaciones de migrantes a un proyecto local. Haití recibe 4.4 mil millones de dólares al año, y cada envío desde Estados Unidos cuesta un 4.70 % (Banco Mundial, tercer trimestre de 2025), frente a una meta mundial del 3 %. Una décima parte de esos flujos orientada hacia una inversión garantizada representaría 440 millones de dólares al año, más que la ayuda de los donantes, que cayó al 1.2 % del PIB en el ejercicio 2025.

El quinto ámbito de acción se centra en el mundo rural. Ruanda registró la totalidad de sus 10.3 millones de parcelas por unos 6 dólares cada una, y los campesinos con título invirtieron más en sus suelos (Ali, Deininger y Goldstein, Journal of Development Economics, 2014); Vietnam confió la tierra a los hogares en 1988 y ya exportaba arroz antes del final de la década. En Haití, un catastro digital sencillo en las llanuras de regadío, un fondo de garantía para el crédito agrícola y el restablecimiento del control sanitario a la exportación del mango permitirían relanzar la producción y reabrir mercados.

Por último, la reforma de las finanzas públicas constituye el sexto pilar. Georgia elevó sus ingresos fiscales del 12 % del PIB en 2003 al 26 % en 2007 (Banco Mundial, 2012). Con unos ingresos que apenas representan el 4.8 % del PIB y un gasto en educación del 0.96 % del PIB en 2023, frente al 3.8 % en la República Dominicana, el Estado haitiano debe modernizar su administración tributaria y crear, en el marco del programa supervisado por el FMI, prorrogado hasta junio de 2027, un comité paritario de seguimiento del gasto público, como hizo Jamaica en 2013.

Conclusión: ¿cuándo se pone en marcha el contador?

Si un niño nace hoy en un Haití capaz de desencadenar un crecimiento sostenido del 5 % anual por habitante, podría ver, antes de cumplir cuarenta años, cómo su país alcanza el nivel de vida de Jamaica y de Cuba, e incluso antes si una ruptura política o tecnológica acelerara el movimiento. La brecha histórica con la República Dominicana empezaría entonces, por fin, a reducirse de forma visible.

Si, por el contrario, la nación mantiene las tendencias de los últimos treinta años, la fractura con nuestros vecinos seguirá ahondándose.

La diferencia entre esos dos futuros no depende en primer lugar de promesas financieras externas, sino de decisiones de organización interna. El Informe sobre el Desarrollo Mundial 2011 del Banco Mundial midió el tiempo que tardaron los veinte países más rápidos en salir de la fragilidad: 17 años para sacar al ejército de la política, 20 años para lograr una administración que funcione, 27 años para contener la corrupción. Pero ninguno de los países citados aquí esperó a tener garantizadas la seguridad y la estabilidad para empezar: Bangladés firmó con Daewoo en 1978, Ruanda lanzó su sector de café lavado en 2002 con dos estaciones y Jamaica firmó su pacto presupuestario en 2013. El contador de la convergencia se pone en marcha con una primera decisión medible y cumplida. Haití tiene dos por delante: una fuerza de seguridad que completar hasta su dotación prevista y unas elecciones que convocar y celebrar.

Queda la pregunta que decide todas las demás: ¿quién tomará esas decisiones y las mantendrá el tiempo suficiente para que cuenten? Ninguno de los países citados aceleró sin un poder que dispusiera a la vez de un mandato y de un horizonte. Georgia emprendió sus reformas inmediatamente después de las elecciones presidenciales de enero de 2004; Jamaica vinculó su recuperación a un pacto firmado por el Gobierno, la oposición, los empresarios y los sindicatos, que sobrevivió a las alternancias. Haití no tiene ningún cargo electo desde enero de 2023, y cada transición hereda proyectos que no tiene ni el tiempo ni la legitimidad para llevar a término. La primera palanca de la convergencia es, por tanto, política: devolver al país dirigentes electos y vincularlos, a ellos y a quienes los sucedan, mediante un compromiso común a diez años, lo bastante preciso como para verificarse cada año.

Anexo matemático: el modelo de convergencia

A1. Función de producción y estado estacionario

La producción Y sigue una función Cobb-Douglas con progreso técnico aumentador del trabajo:

Y = Kα (A h L)1−α

donde K representa el capital físico, L el empleo, h el capital humano por trabajador y A la productividad total de los factores. Por unidad de trabajo efectivo, k = K/(AhL) e y = Y/(AhL) = kα, y el capital se acumula según:

dk/dt = s kα − (n + g + δ) k

donde s designa la tasa de inversión, n el crecimiento demográfico, g el progreso técnico y δ la depreciación del capital. En el estado estacionario (dk/dt = 0), el producto por trabajador se escribe:

y* = A h [s / (n + g + δ)]α/(1−α)

Con la participación convencional del capital α = 1/3, el exponente vale 0.5: duplicar la tasa de inversión solo multiplica el ingreso de largo plazo por 1.41. La productividad A y el capital humano h actúan, en cambio, con un exponente igual a 1.

A2. Velocidad de convergencia

Al linealizar la ecuación de acumulación en torno al estado estacionario, el ingreso por habitante obedece a:

d ln y / dt = −λ [ln y(t) − ln y*]

En el modelo ampliado de Mankiw, Romer y Weil (1992), λ = (1 - α - β)(n + g + δ). Con α = β = 1/3 y g + δ = 0.05: para Haití, λ = (1/3)(0.0127 + 0.05) = 2.09 % anual, es decir, una vida media de 33 años; para la República Dominicana, λ = 2.01 % anual, con una vida media de 34.5 años. Las estimaciones empíricas enmarcan este valor: 1.84 % para 98 países en Barro y Sala-i-Martin (1992), 1.37 % en Mankiw, Romer y Weil (1992), de 1.7 a 2.4 % en Barro (2012), de 4.6 a 9.3 % en las estimaciones de panel de Islam (1995) y alrededor del 10 % en Caselli, Esquivel y Lefort (1996). Con λ = 5 %, el techo 3 alcanza a Cuba en 2037 y a Jamaica en 2041; el techo 2 alcanza a Cuba en 2046 y a Jamaica en 2052.

A3. Tiempo de convergencia a tasa constante

Para dos países cuyos ingresos crecen cada año a las tasas constantes gH y gX, es decir, y(t) = y(0)(1 + g)t, el tiempo de cruce es:

T = ln[yX(0) / yH(0)] / [ln(1 + gH) − ln(1 + gX)]

Todos los ritmos citados en el texto, en el cuadro 2 y en el gráfico 2 son tasas anuales medias de este tipo, incluidas las tendencias de los vecinos, calculadas de 1990 a 2024.

Relaciones de 2024: 8.70 (República Dominicana), 4.07 (Jamaica), 3.00 (Cuba); logaritmos 2.164, 1.405 y 1.099. Tendencias de 1990 a 2024 de los vecinos: 3.58 %, 0.72 % y 1.18 %.

A4. Descomposición contable de la brecha (Hall y Jones, 1999)

Al reescribir la función de producción en la forma y = A h (K/Y)α/(1−α), la relación de ingresos entre Haití (H) y un vecino (D) se descompone en tres factores multiplicativos:

yH / yD = [(K/Y)H / (K/Y)D]α/(1−α) × (hH / hD) × (AH / AD)

La relación capital/producto de largo plazo vale s/(n + g + δ). El capital humano es h = exp φ(S), donde S es el número medio de años de escolaridad y φ la función de las Penn World Tables (rendimiento del 13.4 % por año hasta los 4 años, del 10.1 % de 4 a 8 años y del 6.8 % a partir de ahí; Psacharopoulos 1994).

Cuadro A1. Parámetros de la calibración

Parámetro Haití República Dominicana Jamaica Cuba Fuente
Tasa de inversión s (promedio 2015 a 2024, % del PIB) 16.3 25.7 19.0 15.0 Banco Mundial NE.GDI.TOTL.ZS; Jamaica: Penn World Table 11.0, 2014 a 2023
Crecimiento de la población n (promedio 2015 a 2024, %) 1.27 1.02 0.16 -0.27 Banco Mundial SP.POP.GROW
Años medios de escolaridad S (2023) 5.4 9.4 10.0 10.6 PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano 2025, cuadro 1
Capital humano h = exp φ(S) 1.97 2.82 2.93 3.06 Función PWT (Psacharopoulos 1994; Caselli 2005)
Relación capital/producto de largo plazo s/(n+g+δ) 2.61 4.27 3.68 3.18 Cálculo, g + δ = 0.05 (MRW 1992)
Velocidad de convergencia λ = (1-α-β)(n+g+δ), % anual 2.09 2.01 1.72 1.58 Cálculo, α = β = 1/3
Vida media ln 2 / λ, años 33 34.5 40 44 Cálculo
PIB por habitante 2024, $ PPA de 2021 2784 24 230 11 340 8356 Banco Mundial; Cuba: PNUD prolongado un año

Para la República Dominicana: yH / yD = 0.115 = 0.781 (capital) × 0.699 (educación) × 0.210 (productividad). En logaritmos, 2.164 = 0.248 + 0.358 + 1.558, es decir, el 11, el 17 y el 72 % de la brecha. Para Jamaica: 0.245 = 0.841 × 0.671 × 0.435, es decir, el 12, el 28 y el 59 %. Como la productividad se obtiene por diferencia, agrupa todo lo que el capital y la escolaridad medidos no explican: instituciones, seguridad, infraestructuras, pero también la calidad de la enseñanza y los errores de medición. Sigue siendo, con mucho, la mayor parte de la brecha.

A5. Tres techos para Haití

Las trayectorias del gráfico 3 fijan el techo y* y luego aplican A2 con λ = 2.09 % y g = 2 %:

ln yH(t) = ln y* + g t − [ln y* − ln yH(0)] e−λt

Las tasas g y λ de esta ecuación son tasas instantáneas; los ritmos que siguen están convertidos en tasas anuales, como en el texto. Techo 1, inversión y escolaridad al nivel dominicano: y* = 2784 / (0.781 × 0.699) = 5096 dólares, crecimiento inicial del 3.3 % anual. Techo 2, nivel jamaicano actual: 11 340 dólares, crecimiento inicial del 5.1 %, promedio del 4.4 % a lo largo de veinticinco años. Techo 3, nivel dominicano actual: 24 230 dólares, crecimiento inicial del 6.7 %, promedio del 5.7 % a lo largo de veinticinco años. En los tres casos, el 42 % de la brecha inicial queda cerrado en 2050, el 66 % en 2075 y el 80 % en 2100. Vecinos con crecimiento anual constante: República Dominicana 2.5 % (ritmo de 2019 a 2024), Jamaica 0.72 %, Cuba 1.18 %. Fechas de cruce: techo 1, Jamaica en 2097 y Cuba en 2099; techo 2, Cuba en 2063 y Jamaica en 2068; techo 3, Cuba en 2050 y Jamaica en 2055, y una relación de 2.6 con la República Dominicana en 2075.

A6. Datos

Banco Mundial, Indicadores del Desarrollo Mundial (17 de octubre de 2026): PIB por habitante en PPA (dólares constantes de 2021), crecimiento, formación bruta de capital, crecimiento demográfico, remesas, estructura sectorial. Tasa de inversión de Jamaica: Penn World Table 11.0 (promedio 2014 a 2023), ya que el Banco Mundial no publica esa serie. Escolaridad: PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano 2025, cuadro 1. Cuba: ingreso nacional bruto por habitante de 2023 según el PNUD (8415 dólares PPA de 2021), prolongado y retropolado con la variación del PIB por habitante de las cuentas nacionales cubanas; la base de Maddison 2023 sitúa a Cuba más arriba, en 4.9 veces el nivel haitiano en 2022, lo que alargaría en torno a un 45 % los plazos de convergencia con Cuba.

Fuentes citadas

Datos estadísticos

  • Banco Mundial, Indicadores del Desarrollo Mundial, consultados el 17 de octubre de 2026 (PIB por habitante, crecimiento, inversión, población, remesas, estructura sectorial, suscripciones móviles, acceso a la electricidad, uso de internet, gasto en educación, ayuda oficial).
  • PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano 2025, anexo estadístico, cuadro 1.
  • Bolt, J., van Zanden, J. L., Proyecto Maddison, base de datos 2023, a través de Our World in Data.
  • Feenstra, R., Inklaar, R., Timmer, M., Penn World Table 11.0, a través de FRED.
  • FMI, World Economic Outlook, base DataMapper (crecimiento de Etiopía, 2004 a 2019).

Informes y documentos institucionales

  • Banco Mundial (septiembre de 2026), Haiti: Pathways to Growth Amid Rising Risks; página de país de Haití (7 de octubre de 2026); Macro Poverty Outlook Haiti (abril de 2026); Haiti Human Capital Index Plus (2026).
  • Banco Mundial (4 de agosto de 2026), Informe sobre el Desarrollo Mundial 2026, The Promise of Artificial Intelligence, consultado a través de su presentación por Engineering News y Reuters (4 de agosto de 2026).
  • Banco Mundial (2011), Informe sobre el Desarrollo Mundial 2011: conflicto, seguridad y desarrollo.
  • Banco Mundial (2012), Fighting Corruption in Public Services: Chronicling Georgia’s Reforms.
  • Banco Mundial (2004), Jamaica: The Road to Sustained Growth, memorando económico, informe 29101.
  • Banco Mundial, Remittance Prices Worldwide, corredor de Estados Unidos a Haití (tercer trimestre de 2025).
  • Banco Interamericano de Desarrollo, Oficina de Evaluación y Supervisión (OVE), Independent Country Program Review: Dominican Republic 2021-2024.
  • Cicowiez, M., Filippo, A. (2018), A Simple Stylized Long-Run Growth Model for Haiti, Banco Interamericano de Desarrollo, nota técnica IDB-TN-1485.
  • Banco Central de la República Dominicana, resultados de la economía dominicana 2024 (27 de enero de 2025).
  • Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación, informe estadístico 2024, presentado por Revista Mercado (30 de agosto de 2025).
  • CEPAL, Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026 (20 de agosto de 2026).
  • Planning Institute of Jamaica y CEPAL, evaluación de los daños y pérdidas del huracán Melissa (marzo de 2026).
  • Independent Fiscal Commission (Jamaica), declaración del 3 de junio de 2026, recogida por The Gleaner.
  • Ministerio de Finanzas de Jamaica, Interim Fiscal Policy Paper FY2025/26.
  • Eichengreen, B., Arslanalp, S., Henry, P. B. (marzo de 2026), «Debt Reduction: Lessons from Jamaica», FMI, Finance and Development.
  • Direction générale du Trésor (Francia), «Cuba : l’exportation de services médicaux» (16 de abril de 2020).
  • Grupo de Expertos de las Naciones Unidas sobre Haití, informe final S/2025/356 (10 de junio de 2025).
  • USTR, Haiti HOPE II Report to Congress 2025.
  • Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos (USITC), importaciones de prendas de vestir procedentes de Haití, 2001 a 2021 (diciembre de 2022).
  • Casa Blanca, promulgación de la ley H.R. 6500, Continuing Appropriations and Extensions Act, 2027 (2 de septiembre de 2026).
  • Porte, M. (2021), Rwanda: an effective development model, rising to the challenge of its sustainability, Agencia Francesa de Desarrollo, Macroéconomie et développement n.º 32.
  • Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido (2014), Rwanda Land Tenure Regularisation: case study.
  • Subramanian, A., Roy, D. (2001), «Who Can Explain the Mauritian Miracle? Meade, Romer, Sachs, or Rodrik?», FMI, documento de trabajo WP/01/116.
  • Asuyama, Y., Neou, S. (2012), «How Has the Cambodian Garment Industry Evolved?», IDE-JETRO.
  • Ketkar, S., Ratha, D. (2007), «Development Finance via Diaspora Bonds: Track Record and Potential», Banco Mundial, Policy Research Working Paper 4311.
  • Human Rights Watch (8 de diciembre de 2024), World Report 2025, capítulo sobre El Salvador, que retoma las cifras de la organización Cristosal.

Trabajos académicos

  • Ali, D. A., Deininger, K., Goldstein, M. (2014), «Environmental and gender impacts of land tenure regularization in Africa: Pilot evidence from Rwanda», Journal of Development Economics, 110.
  • Aparicio, F. J., Meseguer, C. (2012), «Collective Remittances and the State: The 3x1 Program in Mexican Municipalities», World Development, 40(1).
  • Barro, R. J., Sala-i-Martin, X. (1992), «Convergence», Journal of Political Economy, 100(2).
  • Barro, R. J. (2012), «Convergence and Modernization Revisited», NBER, documento de trabajo 18295.
  • Caselli, F., Esquivel, G., Lefort, F. (1996), «Reopening the Convergence Debate: A New Look at Cross-Country Growth Empirics», Journal of Economic Growth, 1(3).
  • Cerdá, M. et al. (2012), «Reducing Violence by Transforming Neighborhoods: A Natural Experiment in Medellín, Colombia», American Journal of Epidemiology, 175(10).
  • Easterly, W., Reshef, A. (2010), «African Export Successes: Surprises, Stylized Facts, and Explanations», NBER, documento de trabajo 16597.
  • Hall, R. E., Jones, C. I. (1999), «Why Do Some Countries Produce So Much More Output per Worker than Others?», Quarterly Journal of Economics, 114(1).
  • Hausmann, R., Pritchett, L., Rodrik, D. (2005), «Growth Accelerations», Journal of Economic Growth, 10(4).
  • Islam, N. (1995), «Growth Empirics: A Panel Data Approach», Quarterly Journal of Economics, 110(4).
  • Mankiw, N. G., Romer, D., Weil, D. N. (1992), «A Contribution to the Empirics of Economic Growth», Quarterly Journal of Economics, 107(2).
  • Psacharopoulos, G. (1994), «Returns to Investment in Education: A Global Update», World Development, 22(9).
  • Solow, R. M. (1956), «A Contribution to the Theory of Economic Growth», Quarterly Journal of Economics, 70(1); Swan, T. W. (1956), «Economic Growth and Capital Accumulation», Economic Record, 32(2).

Prensa

  • Le Nouvelliste (3 de septiembre de 2026), prórroga de HOPE/HELP hasta 2028.
  • GHY International (9 de febrero de 2026), restablecimiento retroactivo de HOPE/HELP.
  • Le National (6 de octubre de 2026), aplazamiento de las elecciones generales.
  • Al Jazeera (29 de septiembre de 2026), prórroga del mandato de la Fuerza de Supresión de Pandillas; Associated Press y Al Jazeera (10 de enero de 2023), expiración del mandato de los últimos senadores haitianos.
  • Jamaica Observer (10 de octubre de 2025), empleo en los servicios externalizados.
  • The Daily Star (Bangladés), «Desh Garments: a pioneer’s gift to his country».
  • Sustainable Harvest (26 de abril de 2021), estaciones de lavado de café en Ruanda.
  • USNI News (3 de enero de 2026), captura de Nicolás Maduro; Reuters, recogido por BNN Bloomberg (13 de enero de 2026), entregas de petróleo venezolano a Cuba; Cubanet, a partir de datos de la ONEI (turismo del primer trimestre de 2026); Diario de Cuba (21 de febrero de 2025), población al 31 de diciembre de 2024 según la ONEI; Emol (18 de septiembre de 2026), apagones generales.

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